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Después de su álbum debut publicado a finales de 2014, por fin llega a mis manos Disco Nuevo, toda una reválida para los Black Islands. La primera sensación después de varias escuchas es que las constantes musicales se mantienen pero el resultado final es infinitamente mejor. No seré imprudente si me atrevo a afirmar que todos los temas son hits, que a uno se le acelera el corazón conforme avanza el minutaje de este artefacto sónico. Que la banda suena engrasada, compacta, por momentos apabullante y la producción de forma magistral consigue recoger ese sonido de directo que es el punto fuerte del grupo.

Por las diez canciones de este disco deambulan ecos del Indie de los 90’s, pero también de los 80’s. En el horizonte se atisban bandas como Sonic Youth o Pavement, ramalazos del punk del ‘77, guitarras afiladas y sangrantes con flangers endemoniados que nos retrotraen hasta los primeros The Cure, riffs con regusto garagero, pulsión incontenible, distorsión a mansalva, guitarras que se entrelazan y yuxtaponen furiosas a veces, melódicas a ratos y desde el subsuelo repica una base rítmica que te agarra de la solapa zarandeándote sin piedad. Pocos artificios para unas canciones que no los necesitan, porque debajo de esa capa de ruido subyace el maravilloso y refulgente corazón pop de Black Islands. Su gran secreto y en este caso su gran novedad ha sido saberlo conectar con la parte lírica del disco. Este es el gran avance y el valor intrínseco y real de su nuevo trabajo. El empleo del castellano ha propulsado los sentimientos de la banda hacia el exterior, con valentía, como un aspersor que rocía al público con sus historias personales, gritando a su oído mensajes imponentes para que puedan reflexionar sobre unas vivencias personales que en un segundo ya resultan a vista de todos, universales. El fuero interno de la banda y su estado de ánimo ha impregnado tanto la música en este segundo asalto que ha logrado sobredimensionar las canciones. Ahora ya no sólo son buenas por cómo suenan sino también por lo que dicen, muy al estilo del The Queen is Dead de The Smiths, con un marcado discurso político y social nada empastado. Este es un valor añadido nada habitual en los tiempos que corren.

Pero no crean que este disco cae en la seriedad, nada más lejos de la realidad porque las canciones también te hacen bailar y sacudirte con desenfreno. La musicalidad y vitalidad de las melodías, la forma inflamada de cantar de Javi, la manera como te hablan sobre el amor, sobre los conflictos personales o sobre los temas polémicos sin limar asperezas, así a bocajarro, hace que acabes absolutamente engorilado y desgañitado subscribiendo sus proclamas a los cuatro vientos. Esto es inevitable si te zambulles sin reparos en el disco, si te dejas llevar por su música porque la vocación de hit que tienen estas canciones es imparable, llegando hasta tus pies y haciéndote desempolvar el air guitar irremisiblemente.

Un último detalle, Black Islands comparten los créditos del disco y para un servidor este hecho no es ninguna menudeza. La impresión final es que en las manos tengo un gran disco, parido de forma visceral por una banda que pisa a fondo, buscando resquicios de luz en su música, que ha empezado a explotar y ha hecho evidente a oídos de todos su potencial, un ente total que compone, toca y se expresa de forma auténtica. Eso lo transmiten unas canciones que musicalmente son buenísimas acompañadas de unas letras que cuentan cosas importantes. Espero que todos disfrutéis tanto como yo de este Nuevo Disco, porque ante estos argumentos tan sólidos es difícil no caer en las redes de los Black Islands.

Texto de Jordi Jover Gavilán (Discos Revólver/ Depósito Legal).